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Un punto de encuentro

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El pasado fin de semana nuestra Escuela de Parapente se desplazó a dar sus cursos a la localidad de El Bosque (Cádiz) y, como la semana anterior habíamos disfrutado de las buenísimas condiciones que estas sierras nos dieron para volar en parapente, decidimos lanzar a través de nuestro foro un mensaje avisando de que íbamos allí, por si algunos se animaban a acompañarnos.

La convocatoria funcionó, porque nos juntamos un buen número de miembros de nuestro club de parapente, además de otros grupos venidos de Sevilla, Málaga, Huelva,…

Todos pudieron disfrutar de vuelos acordes a su nivel: desde los alumnos, que hicieron sus primeros largos vuelos (algunos de hasta dos horas, recorriendo toda la sierra), hasta los pilotos más expertos, que pudieron volar sus parapentes en condiciones térmicas al medio día.

Hubo tiempo para todo, hasta para una comida de grupo con gazpacho, tintos de verano y revueltos serranos que hubieran necesitado de una siesta, pero a la que renunciamos por volver a volar otra vez.

Al final de la tarde, el campo de aterrizaje estaba bien animado, entre los que plegaban sus parapentes, los que aterrizaban y los que aún aprovechaban las últimas corrientes ascendentes del día, flotando sobre el valle.

Entonces, reunimos a la mayoría de los miembros del club, y sacamos esa foto.

Y mirándola veo a un grupo heterogéneo. Venidos de distintos lugares. De edades distintas. Con trabajos distintos. Condiciones distintas… pero todos con una misma inquietud, que les une en un momento.

Quizás, de otra manera, nunca se hubieran conocido.

Entonces comprendo que una escuela y un club de parapente hacen más cosas, además de enseñar a volar.