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La Magia de El Bosque

parapente en El Bosque (Cádiz)

Como los caracoles. Así somos los parapentistas. Y no lo digo por la baba. Tampoco por lo otro, aunque de todo hay… Lo digo porque con el sol y el buen tiempo salimos todos al campo al mogollón. En nuestro caso, a volar.

Así que, como daban buenas previsiones, al anuncio de ir a volar el sábado a El Bosque se apuntaron muchos; entre alumnos de la escuela y pilotos del club nos juntamos casi veinte!

De camino a Algodonales empecé a mosquearme, porque la previsión del día anterior daba vientos flojos y, sin embargo, soplaba una surada de cojones ya desde las diez de la mañana. No me lo podía creer… había convocado a un montón de alumnos que tenían que terminar sus cursos y una mala previsión me iba a estropear los planes del día. Maldije al becario que el viernes trabajó en la web del XCskies…

Ya en la escuela, volvimos a consultar la previsión: efectivamente, daba vientos de SW, pero rolando a oeste a las dos. El Bosque seguía siendo nuestra única opción, así que allá que fuimos todo el pelotón.

Ventolera por todo el camino de ida. Las banderas de la gasolinera de Villamartín se movían a tope. Pero al llegar a el Bosque, zas!…. viento flojo!! Seguía de suroeste, pero flojo. A partir de las dos, se enfrentó más y empezaron las térmicas. Se pudo volar todo el resto del día, hasta el final de la tarde. Todos disfrutaron en distinta medida: desde las casi tres horas de vuelo que se metió Eduardo hasta el “arborizaje” de Isidoro (ver crónica en el foro), hubo para todos los gustos. Y los alumnos, encantados con sus vuelos de altura.

Una vez más, El Bosque hizo su magia, y nos regaló un buen día de vuelo cuando casi todo apuntaba a que no iba a ser así. No es la primera vez, y no será la última, que este primer escalón de las sierras de Grazalema nos regala un día de diversión.

Ya en en el aterrizaje me encontré a Juan De Dios Carreras. Juande es uno de los pioneros del ala delta y del parapente en estas tierras. Hablando con él le comenté cómo me gustaba este sitio para volar y cómo, cuando yo tenía veinte años y empezaba en este mundillo, leí por primera vez en una revista (Volar, se llamaba) un artículo escrito por él en el que hablaba de El Bosque. Juande fué el primero en volar aquí con su ala delta y, después de casi un año de probar la zona, animaba a visitarla. Ya entonces hablaba de sus buenas condiciones para el vuelo libre.

Nos reimos un rato bromeando sobre cómo pasa el tiempo y cómo cambian las cosas, mientras una treintena de pilotos sobrevolaban la sierra que, hace veinte años, volaba solamente él.

Volviendo a casa, pensaba en lo bonito que son los comienzos, y eché de menos ese “pellizco en la barriga” que tenía los días de vuelo, cuando subíamos hacia el despegue, y todo eran sensaciones nuevas.