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Vaya fin de curso!

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Aunque aquí en Sevilla esta mañana llovía, las previsiones decían que en la costa de Huelva, en Matalascañas, luciría el sol y el viento soplaría del suroeste…¡ las condiciones perfectas para poder volar en las dunas de la playa!

Facebook, Whatsup, sms… y ya estamos quedando para salir desde Sevilla, a eso de la una y media de la tarde, Pablo Andreu, Isidoro y yo mismo (jota). Como tengo un alumno del curso de iniciación al parapente que vive en Sevilla, Jose Luís, le llamo también para que venga con nosotros.

Cuando llegamos a la playa ya había una veintena de parapentes volando sobre las dunas. Viento: perfecto. Sol: soleando. ¡ Listos para la diversión!

Jose Luís había tenido un curso de iniciación un poco agridulce, pues había encontrado días en los que las condiciones de vuelo no habían sido muy buenas. Incluso ya había estado en Matalascañas en otra ocasión y no había podido volar bien, solo un corto planeo hasta la playa.

Hoy, podría desquitarse.

Aunque volar en ascendencia dinámica junto a otros pilotos no entra ni de lejos en el programa del curso de iniciación al parapente, Jose Luis ya había hecho varios vuelos en parapente biplaza con los monitores, y las condiciones de vuelo eran perfectas. Así que fuimos directamente a ello!

curso-parapente-matalascañas-huelvaAunque al poco de despegar le notaba un poquillo tenso, Jose Luís se fue relajando y al cabo de unos quince minutos de vuelo ya se le veía bastante suelto, recorriendo de oeste a este y regreso una zona de dunas altas que le mantenían flotando sobre la playa.

Como yo veía que controlaba bien el tráfico en la ladera, me animé a despegar también. Volamos juntos varios kilómetros, en dirección a Mazagón. Yo iba detrás, dándole instrucciones por la radio.

Como Pablete y yo queríamos jugar en la arena haciendo pasadas y wagas, hicimos que Jose Luís aterrizara arriba de una de las dunas. Bueno, el aterrizaje no fue mal del todo, sobre todo para ser su primer “top landing”… pero se dejó revolcar un poco… jajaja,…. Cuando nos cansamos de hacer el indio y de darnos toñazos en la arena, volvimos a despegar al pollo, y volvimos juntos hasta Matalascañas.

Realmente ha sido un final de curso increíble para Jose Luís, con este vuelo de más de una hora y media, en uno de mis lugares favoritos, por lo divertido y lo bonito que es volar aquí.

Y aunque Jose Luís estaba contento al final del día, como más tarde diría Isidoro, “todavía no es capaz de apreciar lo especial que ha sido este vuelo, y la suerte que ha tenido de poder hacerlo”.

Esperamos haberle envenenado con el vuelo libre, que continúe aprendiendo y que disfrutemos juntos de más vuelos como este.