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El Cigarrito del Pepe

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La primera vez que observé el fenómeno fue durante uno de los cursos de iniciación al parapente que imparte nuestra escuela en Algodonales. Era el segundo día de curso, y tocaba ir con los alumnos a una loma pequeña para hacer los primeros despegues y aterrizajes.

No recuerdo por qué motivo ninguno de los monitores estaba disponible ese día, pero estaba solo con un grupo, así que le pedí a Pepe que me acompañara ese día de curso para echarme una mano.

Todos conocéis a Pepe Troya: piloto local de Algodonales, que regenta el bar Al-Arco y, desde hace un tiempo, también nos agrada el día de vuelo con su chiringuito a pié de aterrizaje.

Cuando llegamos a la loma, el viento soplaba más o menos bien como para practicar, así que todos empezaron a abrir sus parapentes. Cuando todos estuvieron listos, el viento giró 180º y se puso a soplar justo de atrás. Esperamos durante un buen rato y la cosa no mejoraba, el viento seguía francamente de la dirección opuesta a la que necesitábamos.

Mi cabreo aumentaba: tenía a seis o siete tíos atados a sus parapentes, con sus cascos puestos, esperando para despegar. Volver a empaquetar todo y moverse llevaría mucho tiempo. Además, tampoco había más laderas disponibles en la zona. Total, la mañana estaba perdida.

Entonces Pepe habló: “Yo, cuando el viento está mal para volar, me echo un cigarrito, y el viento se pone bueno”.

“Ah, ¿siii?, pues ya tardas. Enciende uno”, le contesté yo, incrédulo y con cara de “pepe-menos-cachondeito-deja-de-tocarme-los-cojone-pisha”

Pepe se encendió el cigarrito.

Al cabo de tres o cuatro caladas, el viento dejó de soplar. Y a la quinta o sexta, comenzó a soplar de la dirección correcta. ¡¡Increíble!!

Los alumnos empezaron a despegar… al final, una mañana cojonuda, con cinco o seis vuelos cada uno.

Casualidad. Eso pensé, una divertida coincidencia.

pepe-troya-algodonales-parapenteLa segunda vez fue la semana pasada. Situación parecida: yo en el despegue de El Bosque con siete guiris perfectamente pertrechados para volar… y el viento de atrás. Había estado bueno, pero llevábamos casi una hora esperando a que el viento volviera a ponerse bien. Nada. Solo frío y caras de “vaya-mierda-para-esto-me-he-cruzado-media-europa?”

Javi García, el monitor, estaba con Pepe en el aterrizaje, y bromeaban sobre el asunto por la radio… y entonces Pepe dijo “Jota, qué… ¿enciendo un cigarrito?”

“Dale, dale”- dije yo por el walkie – “una ronda a mi cuenta si vuelan todos estos”

Cinco minutos más tarde empezó el viento a soplar bien, y fue mejorando. Todos volaron, y algunos hasta hicieron ladera!

¿Coincidencia? ¿Casualidad?… Yo no lo sé.

Una vez, vale. Dos… uhmm. Pepe, te estoy esperando a la tercera. Después de esa será algo empíricamente demostrado que el cigarrito del Pepe funciona y, entonces, montaremos un negocio juntos, vendiendo viento enfrentado a los pilotos.